Avanzar es parar.




El 2019 ha sido un año intenso en todo sentido. Me tocó empezar un nuevo trabajo y acomodarme sobre la marcha en mis nuevas funciones. Una gran pérdida fue no dictar ninguna clase y no tener estudiantes a mi cargo. 

Fue un año de 12 viajes por aire, agua y tierra por distintos motivos. Un año donde pude conocer Apurímac y organizar el formato de misiones allá junto a cuarenta personas.
Pude estar también por Bogotá, Tumbes, Piura, Chiclayo, Abancay y Cuzco trabajando y aprendiendo mucho.

Fue un año donde pude correr mi segunda media maratón junto a Fernando y celebrar por ello. Un año donde empezamos varios proyectos con Bianca (muchos culinarios, ella dice que soy un chef).

Un año donde por fin pude sustentar mi tesis y validar que lo que creo que se puede hacer por la educación tiene mucho sentido y es necesario. Un año que se fue a mil por hora y con muchas cosas pendientes por hacer.

Y justamente en ese andar a mil por hora me tocó romperme el tendón de Aquiles del pie izquierdo hace 19 días. Fue la primera vez que me operaron en Perú, varios meses de descanso médico, no poder caminar ni ser autosuficiente y muchas cosas más.

Mi deseo es poder mejorar lo antes posible y poder caminar de nuevo con normalidad. Sin embargo, aunque parezca antagónico, la mejor manera de avanzar en mi recuperación es parar de hacer cosas y de moverme. Me toca mucho trabajo mental por hacer para entender que a veces… avanzar es parar.





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