"Menos Roma, vayamos a la calle"
Todos los años he celebrado la Semana Santa en mi colegio o en la Parroquia Nuestra Señora de Gracia, pues ahí se juntan las comunidades de la pastoral juvenil y es un buen momento para celebrar juntos el misterio de la fe cristiana.
En mi comunidad
varios integrantes son los encargados de coordinar las actividades en distintos
lugares, y eso hizo complicado decidir el lugar para pasarla juntos, así que
optamos por pasarla un día en cada lugar. Rubén trabaja junto a las hermanas
agustinas Hijas del Santísimo Salvador, su convento queda en los Barrios Altos,
cerca a cinco esquinas, uno de los lugares más antiguos (y también peligrosos)
de Lima.
Deyvis es uno de los coordinadores de la sede de Communio Villa, que
funciona en la casa de formación San Agustín (el seminario) a 20 kilómetros al
sur de Lima. Manolo coordina el ministerio de acólitos en la Parroquia Nuestra
Señora de Gracia y por último, nuestra comunidad tiene como sede central el Colegio
San Agustín.
Anoche estuvimos
en Barrios Altos, en una Iglesia pequeña, pero con mucho calor humano,
compartiendo con la gente las distintas costumbres y tradiciones por las
fiestas y conociendo esa realidad que sale en las noticias solamente cuando
algo malo ha sucedido. Caminando por las calles con las hermanas noté el
respeto que le tienen a los religiosos (tienen varias obras de ayuda social a
los más necesitados de la zona).
Hoy estuvimos en
la casa de formación, cerca a la playa y cerca de zonas con necesidades
materiales y espirituales. El vía crucis fue por las calles (sin asfaltar) de
la zona, y fue alucinante hacer este “camino de la cruz” (traducción y
significado de vía crucis) en medio del mundo. Las estaciones eran las casas
del lugar, carpinterías, bodegas, etc. Íbamos llevando la cruz entre
veraneantes que regresaban a casas, entre mesas con botellas de cerveza y entre
gente que nos gritaba de cuando en vez burlándose de lo que hacíamos.
Fray Toño en la homilía de hoy dijo un par
de cosas que sonaron muy directas y ciertas para el contexto en el que estamos
ahora:
“Nos hemos acostumbrado a ver a Jesús en un
crucifijo como un adorno, y sin mucha sangre para que no sea desagradable a la
vista”
“Ya no nos duele el sufrimiento humano,
Jesucristo fracasa cuando somos indiferentes”
Este año me gustó estar en la calle, con la
gente, con el pueblo, viendo a los chicos de Communio Villa de puerta en
puerta, organizando todo, prestándose mesas, haciendo carteles con plumones
sencillos, pero con mucho corazón. Un
bonito aterrizaje, un bonito choque con la realidad.
Por eso vuelvo a repetir ese titular que vi
en el periódico al día siguiente de la elección del nuevo Papa:
“Hay que dejar los palacios y mezclarse con
la gente”, y como me comentaba una amiga
chilena hace poco… “Menos Roma, vayamos a la calle”.





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