La carta de mi mamá
En Agosto del 2001, a los 16 años y con la cabeza
metida en la adolescencia, recibí una carta de mi mamá. Era una época
en la que hablar con ella era casi imposible, pues los dos teníamos un genio
muy especial y por mi parte, prefería encerrarme en mi burbuja.
Cada vez que vuelvo a leerla, el último párrafo cobra más
sentido para mí y me hace entender el
por qué de muchas cosas a las que en los últimos años era complicado
encontrarle explicación.
Ella tiene Alzheimer desde el año 2005, hoy fui a
visitarla y al regresar volví a abrir la carta, y volví a ese último párrafo…
“Quiero darte lo mejor de mí, en todo sentido, se que serás
un gran profesional, y quiero decirte que no te voy a fallar nunca y que te
sientas seguro. Trabajo feliz, con tal de que no te falte nada, pero no todo
puede ser completo, me siento muy triste de no poder estar presente en muchos
momentos en que están los otros papás; perdóname por ello.
Vamos a pedir al Señor que nos acompañe siempre en el
camino que nos toca recorrer juntos, que no permita “tropezones”, y que nos
ilumine en cada momento…Te adoro, Ani…”
No me fallaste mamá, y ahora soy yo el que trabaja
feliz con tal de que no te falte nada, y yo también me siento triste de no
poder estar presente contigo durante este camino que nos toca recorrer. ¿Sabes
algo? Nunca ha faltado nada, tenías razón; y estoy seguro que el Señor nos ha
acompañado y nos acompaña, tal como mencionas en tu carta.
Ahora asesoro una comunidad de jóvenes de 15 años,
casi la edad que tenía cuando me escribiste y el nombre que tienen es Nélida,
que significa luz del mundo. Y tal como lo dices en tu última línea, “que nada
permita tropezones y que Dios los ilumine en cada momento…”
Hace casi 12 años no entendía bien tu carta, hoy simplemente te quiero decir que no fallaste mamá.. no fallaste.
Piero


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